No hay atajos cuando trabajas con madera viva.
Trabajo con madera local — tejo, olivo, cerezo, boj, haya, nogal. Mayormente árboles caídos o podas. La madera llega verde, con corteza, sin procesar. Ella elige la forma que va a tener.
La madera verde se talla mucho más fácil que la seca. La gubia entra limpia. El riesgo es que al secar puede abrirse — pero eso también es parte de la pieza.
Los cuencos van al torno. La pieza gira y la gugubia saca virutas finas. El interior emerge poco a poco. Los anillos del árbol aparecen en la pared del cuenco como un testimonio del tiempo.
Desde el 80 hasta el 400. Sin máquina — a mano, siguiendo la veta. El aceite de linaza o cera de abeja da el acabado final: protege la madera y saca los colores que estaban dormidos.
No hay dos iguales. Un nudo, una grieta, la corteza que se quedó pegada — eso no es un defecto. Es el árbol firmando su obra.
El árbol tardó cincuenta años en crecer. Lo menos que puedo hacer es tardar lo que haga falta en hacer bien la pieza.— Sobre el tiempo artesanal
Sin CNC, sin láser. Herramientas que llevan generaciones haciéndose iguales.
Para tallar y vaciar. El trabajo de cucharas es todo gubia.
Para cuencos y vasos. La pieza gira, la gubia quita.
Punta de fuego controlado para motivos celtas y tribales.
Acabado natural. Saca los colores y protege sin barniz.
Si tienes un árbol caído, una poda con historia — tráemela. Puedo convertirla en algo que dure otros cien años.
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